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"Melmoth el errabundo" (1820) por Charles Robert Maturin

"Melmoth el errabundo" es una novela de marcado género gótico, no en vano está considerada la obra cumbre de la novela gótica. Su protagonista, Melmoth, errará por el mundo de forma indefinida tras hacer un pacto con el Diablo, buscando a quien le acompañe en el tormento. Pasará por cárceles, manicomios y demás lugares siniestros en los que se encontrará con diferentes almas a las que intentará arrastrar consigo. En realidad, Melmoth es un mero punto de unión entre diferentes historias en las que podemos observar la decadencia del ser humano.

El autor es Charles Robert Maturin, un clérigo irlandés (1782-1824) que, sin embargo, no duda en criticar a la iglesia católica y su hipocresia, a la vez que critica a la sociedad en general.

Esta novela es gótica. Por momentos se hace algo pesada de leer, pero tiene también pasajes sorprendentes y vibrantes. A lo largo de toda la novela vemos diferentes historias, en las que Melmoth juega el papel de un ser demoníaco que va tentando a diferentes almas, para que le acompañen en su condena, pero en el fondo la novela nos muestra la decadencia y bajeza del ser humano.

Los cantos de Maldoror por Isidore Ducasse -Conde de Lautréamont-



Los cantos de Maldoror (en francés, Les Chants de Maldoror) son un conjunto de seis cantos poéticos publicados en 1869, obra de Isidore Ducasse, más conocido por su pseudónimo de Conde de Lautréamont.

"Mi poesía consistirá, sólo, en atacar por todos los medios al hombre, esa bestia salvaje, y al Creador, que no hubiera debido engendrar semejante basura." Canto II

Poema narrativo en prosa, de macabra belleza, llena de violencia, obscenidad e imaginería blasfema que «celebra el principio de El Mal... con una pasión comparable al fanatismo religioso».

Los cantos de Maldoror, obra entre las más atípicas y sorprendentes de la literatura, fueron escritos entre 1868 y 1869 y publicados ese mismo año. Los cantos que forman el libro son obra de un hombre de veintidós años al que la muerte se llevará apenas un año más tarde. Los ecos de estas páginas irán aumentando a lo largo del siglo XX, en particular por el impulso de André Breton, que vio en ese libro «la expresión de una revelación total que parece exceder las posibilidades humanas». Así, los surrealistas consideraron al libro como un precursor.

Estructura de la obra 

Los cantos de Maldoror obedecen a una estructura a la que el autor intenta ser fiel, a pesar de que su evolución testimonia lo contrario. La publicación de 1868 (sólo el primer canto) presentaba algunas partes dialogadas con indicaciones escénicas que fueron suprimidas en los siguientes. Llevan el sello de los textos en los que, al principio, Lautréamont se inspiró: el Manfred de Lord Byron, el Konrad de Adam Mickiewicz, el Fausto de Goethe. De estas figuras retendrá, sobre todo, la idea de un héroe negativo, satánico, en lucha abierta contra Dios, aunque el estilo elegido finalmente participa de la literatura épica; de ahí la división en estrofas de cada uno de los Cantos, con excepción del sexto y último, en el que la construcción de una pequeña novela de una veintena de páginas cambia el estilo hasta entonces adoptado.

Resumen

Resulta imposible resumir Los cantos de Maldoror: no hay hilo argumental. Se tiene la impresión de que en cada estrofa el autor da rienda suelta a su imaginación salvajemente rebelde, a su furor o a su guasa: sentimientos tan opuestos, pueden hacer en él buenas migas. Maldoror, ser sobrehumano, arcángel del mal, lucha bajo diferentes formas contra el Creador, a menudo ridiculizado (Dios en el burdel), y comete asesinatos en los que evidencia su sadismo y perversión. En la versión de 1868, una de las primeras escenas, refiere un diálogo con Dazet (un amigo del colegio, de Tarbes, cuyo nombre será suprimido en las siguientes ediciones), que nos deja ver, claramente que, por debajo de la ficción, subyace un sustrato biográfico.

Expresando el mundo épico, en el que se desarrollan estos actos extremos, los objetos y animales hablan, las metamorfosis se multiplican, está permitido el énfasis y el gigantismo de los personajes. Pero una ironía constante, avisa al lector, le obliga a tomar distancia, en el cara a cara con la narración y a juzgar el fenómeno literario que tiene ante sus ojos. Cada vez más esta voz crítica, se mezcla con el texto. Estamos invitados al espectáculo de hacer y deshacer la obra. A partir del cuarto canto, ya no es posible obviar esta contradicción, sus vampíricas frases dominan la sustancia del poema. La novela final es una lección de escritura, estigmatizando el estilo rocambolesco y más concretamente, el folletín que abundaba por entonces en los periódicos de grandes tiradas. Ésta última ficción, desarrolla una intriga esbozada en las páginas precedentes. El adolescente Mervyn, seducido por Maldoror, será inútilmente protegido por Dios y sus emisarios animales. Una última escena grandiosa lo ve proyectado tras la columna Vendôme hasta la cúpula del Panteón, lugares significativos ¡puede que demasiado!, y se puede adivinar en este incongruente acto una forma magistral de desembarazarse de todas las novelas del mundo y de las angustias sentimentales que las inspiran. Si Ducasse encuentra un extremo placer en fomentar escenas de rara violencia, en las que la desdicha y la mala intención tienen un punto sublime, no es menos visible que así, ajusta el tono único —el suyo— combinando la amplitud del ritmo y el superior desengaño, una suerte de ineludible y algo poderoso principio de antigravedad. La actividad de este rapsoda bibliófago pasa también por el plagio (numerosas son las copias que hace de diferentes obras, científicas sobre todo) que ha sabido elevar al nivel de un arte apropiándose de diferentes trozos de textos —algunos como el Apocalipsis— para integrarlos al suyo con un cuidado del efecto literario unas veces admirable y otras decepcionante.

Caractrísticas de la Literatura Gótica

Dentro de las características del movimiento gótico se encuentran:
  • Es melodramática, exagera los personajes y las situaciones con el fin de acentuar los efectos estéticos.

  • El autor crea un marco o escenario sobrenatural capaz, muchas veces por sí mismo, de suscitar sentimientos de misterio o terror.

  • En relación con lo anterior, importancia del escenario arquitectónico, que sirve para enriquecer la trama; las sombras y contornos de luz delimitan espacios y recrean sentimientos melancólicos. Recurso, pues, a todo tipo de elemento "oscuro".

  • Exaltación de la relación entre terror y éxtasis.

  • Exaltación de la muerte, la decadencia, los abismos, tinieblas etc..

  • Referencias a la locura, lo irracional, la bestialidad y demás características inhumanas o sobrenaturales.

  • Clara polarización entre el Bien y el Mal, este último a menudo interpretado por un personaje que hará las veces de villano.

Literatura antigua

Cuando el hombre comenzó a desarrollar los primeros sistemas de escritura, aún estaba lejos de dar nacimiento a la literatura. Por eso, los primeros escritos de los sumerios o muchos de los jeroglíficos egipcios no son literarios.
Estela de MeshaDicen los especialistas que uno de los primeros textos literarios de la historia fue el Poema de Gilgamesh, una narración de origen sumerio. Esta obra, grabada en tablillas de arcilla con escritura cuneiforme, habría sido escrita en el año 2.000 A.C.
Una delimitación de la literatura antigua podría acercarnos a los textos escritos antes del siglo V. Así, tenemos distintos ejemplos, como el caso de la literatura árabe. Se supone que las manifestaciones literarias de esta cultura nacieron hacia el año 500 A.C., con poesías que eran memorizadas y luego recitadas. Los testimonios escritos, en cambio, recién surgen en el siglo VI.
La literatura griega clásica, por su parte, es aquella escrita en griego antiguo hasta el siglo IV. Se destacan por entonces autores como Homero, a quien se le atribuye la autoría de la Odisea y la Ilíada (considerado como el poema escrito más antiguo de la literatura occidental).
La literatura hebrea, por su parte, tiene antecedentes remotos como la estela de Mesha, conocida también como la Piedra Moabita. Se trata de una inscripción que habría sido realizada en el siglo IX A.C.
En América, la literatura antigua fue muy importante, con ricas expresiones en las lenguas náhuatl y quechua, por ejemplo. Los aztecas, los incas y los mayas hicieron sus aportes para el desarrollo de la cultura latinoamericana, que fue adquiriendo su identidad actual tras el desembarco europeo.
Sin embargo, el principal referente de la antigüedad en cuanto a cantidad de textos es la literatura china. Se calcula que, hasta el siglo XVII, se habían escrito más textos en China que en el resto del mundo.

Características de la literatura

Para analizar las características de la literatura, primero hay que tener en claro a qué se refiere dicho término, que proviene de la palabra latina litterae. La literatura es un concepto relacionado con el arte de la gramática, la retórica y la poética; por eso, su origen latino hace referencia al conjunto de saberes para escribir y leer bien.
Podemos afirmar que la literatura es aquel arte cuyo medio de expresión es la lengua. Por lo tanto, es importante tener en cuenta que el origen de la escritura no supuso el nacimiento de la literatura. Por el contrario, los escritos más antiguos de los que se tengan registros no son literarios.
Aunque es imposible establecer un único texto pionero de la literatura, una de las primeras obras literarias es el Poema de Gilgamesh, una narración de origen sumerio cuya primera versión data del año 2.000 A.C.
El ruso Roman Jakobson planteó que la especificidad de la literatura está en su forma: esa es la diferencia entre un texto literario y otro discurso. Una de las características de la literatura es su función poética, la capacidad del lenguaje para llamar la atención sobre sí mismo. Por eso, la literatura utiliza expresiones por su naturaleza estética, que producen placer o son agradables al lector.
Otra característica propia de la literatura es que apela a un lenguaje trascendente y estilizado. El lenguaje cotidiano, en cambio, está destinado al consumo inmediato y no perdura.
Dentro de la literatura, pueden reconocerse distintos géneros, que son modelos de estructuración formal y temática. Un género funciona como una categoría o grupo, que permite clasificar a un texto según su contenido. De esta forma, un relato pertenecerá a cierto género según diversos criterios semánticos, sintácticos, discursivos y fónicos, entre otros.
Más allá de los límites que puedan establecerse en teoría, las diferencias entre cada género y cada subgénero son difíciles de fijar e incluso varían con el tiempo.

Literatura Gótica

El terror, la oscuridad y lo macabro tienen su espacio en la literatura gótica. Como comentábamos cuando nos referíamos a la poesía gótica, esta corriente artística nació en los últimos siglos de la Edad Media y tuvo una gran vigencia hasta la explosión del Renacimiento.
Literatura góticaEl término gótico comenzó a utilizarse en el siglo XVI, aunque en sus orígenes se trataba de una calificación peyorativa, que vinculaba a este estilo con los godos (los bárbaros). En las últimas décadas, a partir de mediados de 1970, el movimiento gótico mutó en una subcultura también conocida como dark, que adoptó la estética de la literatura de terror, las películas de dicho género y el post-punk.
Las historias narradas por la literatura gótica tradicional solían transcurrir en castillos y monasterios medievales. Aunque su espectro se amplió con el correr de los años, los viejos arquetipos nunca desaparecieron.
Los cementerios, las criptas y los páramos desolados son otros de los escenarios donde transcurren muchos relatos góticos. En cuanto a los personajes, aparecen todo tipo de villanos y seres malignos, como hombres lobo, vampiros, fantasmas, demonios y distintas clases de monstruos.
Hay quienes consideran que la obra fundadora de la literatura gótica fue “El castillo de Otranto”, presentada por el escritor británico Horace Walpole en 1765. “Los misterios de Udolfo”, escrita por la también británica Ann Radcliffe en 1794, es otro de los textos pioneros de este movimiento.
En el siglo XIX, varios autores escribieron obras clásicas de la literatura gótica, como “Frankenstein” de Mary Shelley, “El gato negro” de Edgar Allan Poe y “Drácula” de Bram Stoker.
Ya en siglo XX, se destacó la figura del estadounidense H.P. Lovecraft, quien supo conjugar la tradición gótica con la ciencia ficción. Este autor desarrolló los mitos de Cthulhu, con seres como el Necronomicón, el Nyarlathotep y el propio Cthulhu.
 
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