Mostrando entradas con la etiqueta Charles Nodier. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Charles Nodier. Mostrar todas las entradas

El Vampiro Bondadoso de Charles Nodier

He ido al país de los morlacos impulsado por un vivo deseo de conocer ese pueblo tan singular. No hay aldea morlaca donde no se pueda contar un buen número de vampiros y existen lugares donde hay al menos un vampiro por familia, como en cada familia de los valles alpinos el infaltable "santo" o "idiota".  Pero en el caso del morlaco vampiro, no se da la complicación de una enfermedad degradante, que altere el principio fundamental de la razón.  El vampiro es consciente y conocedor de todo lo horrendo de su situación, le disgusta y la detesta.  Busca de combatir su propensión de todas las maneras, recurre a los remedios propuestos por la medicina, a lass plegarias religiosas, a la autoextirpación de un músculo, a veces a la amputación de las piernas: en ciertos casos se decide hasta al suicidio.  Exige que después de su muerte, los hijos le perforen el corazón con una cuña y le claven al ataúd para hacer reposar en el sueño de la muerte su cadáver y libertarlo del instinto criminal. El vampiro es de ordinario un hombre bondadoso, a menudo ejemplo y guía en su tribu, a veces ejercita oficialmente la función de juez; a veces es poeta.
A través de la profunda tristeza que le viene de la percepción de su estado, a través del recuerdo y el presentimiento de su siniestra vida nocturna, se adivina un alma tierna, generosa, hospitalaria, que no pide más que amar.  Ocurre que el sol tramonte, que la noche estampe una suerte de sello plúmbeo sobre los párpados del pobre vampiro, para que él comience de nuevo a escarbar con las uñas la fosa de un muerto o perturbe a la nodriza que vela junto a la cuna del recién nacido.  Porque el vampiro no puede ser otra cosa que vampiro y los esfuerzos de la ciencia y los ritos eclesiásticos nada pueden contra su mal.
La muerte no le cura, hasta en el ataúd conserva algún síntoma de vida, y pues su conciencia se mece en la ilusión de que su crimen es involuntario, no debe sorprender el hecho de habérselos encontrado a menudo frescos y sonrientes en el catafalco.  El sueño del desventurado nunca estuvo desprovisto de pesadillas.
En la mayor parte de los casos, esta aberración se limita al intuito mental del infeliz que la experimenta. Cuando se realiza plenamente, ello se debe atribuir al concurso de otros factores, como las pesadillas y el sonambulismo.  Entramos entonces en el campo de la ciencia médica, que hasta ahora no ha tenido en cuenta dos hechos importantes, que me parecen  incontestables. El primero es que la percepción de un acto extraordinario no familiar a nuestra naturaleza se convierte fácilmente en sueño, el segundo, que la percepción repetida con frecuencia, y siempre en el mismo sueño, se convierte fácilmente en una acción proporcionada, realmente cumplida, sobre todo cuando se manifiesta en un ser débil e impresionable.

Charles Nodier


 Escritor francés (Besançon, 1780 – París, 1844). Fue un romántico exaltado en vida y obra. Es un precedente de Nerval y el surrealismo. Entre su producción destacan Ultimo capítulo de mi novela y Recuerdos de Juventud. Inventó de lo que se ha dado en llamar "literatura frenética", fue autoridad suprema y oracular en la bibliofilia y en encuadernaciones de lujo, bibliotecario de prestigio universal, entomólogo, herborista, filósofo, conversador infatigable, opiómano y uno de los responsables de introducir el romanticismo y la literatura fantástica en Francia a través de su célebre tertulia de la biblioteca de El Arsenal, por donde desfiló la flor y nata de las letras de la época.


Obras:



El Vampiro Bondadoso

Las Aventuras de Thibaud de la Jacquière (Le avventure di Thibaud de la Jacquière)
1822
El Vampiro Arnold-Paul (Le vampire Arnold-Paul)
1822
El Tesoro del Diablo (Le Trésor du Diable)
1822
El Aparecido y su Hijo (Le Revenant et Son Fils)
1822


El Vampiro Arnold-Paul de Charles Nodier

Un campesino de Medreiga (aldea de Hungría), llamado Arnold-Paul, fue aplastado por un carro cargado de heno. Treinta días después de su muerte, cuatro personas murieron súbitamente, de la misma forma que los que son atacados por vampiros. Se recordó entonces que Arnold-Paul había contado a menudo que, en los alrededores de Cassova, en la frontera de Turquía, le había acosado un vampiro turco; pero, como sabía que las víctimas de los vampiros se convertían a su vez en vampiros después de la muerte, había encontrado el medio de curarse comiendo tierra del vampiro turco y frotándose con su sangre. Se presumió que si este remedio había curado a Arnold-Paul, no le había impedido convertirse a su vez en vampiro. En consecuencia, le desenterraron para asegurarse de ello y, aunque llevaba inhumado cuarente días, encontraron que el cuerpo estaba sonrosado; advirtieron que los cabellos, las uñas y la barba se habían renovado, y que las venas estaban llenas de una sangre fluida.
El magistrado del lugar, en presencia del cual se realizó la exhumación y que era un hombre experto en vampirismo, ordenó hundir en el corazón del cadáver una estaca puntiaguda y atravesarle de parte a parte; lo que fue ejecutado enseguida. El vampiro lanzó gritos espantosos e hizo los mismos movimientos que si hubiera estado vivo. Después de lo cual le cortaron la cabeza y le quemaron en una gran hoguera. A continuación le hicieron sufrir el mismo tratamiento a las cuatro personas a quienes Arnold-Paul había matado, por temor a que se convirtieran tambíen en vampiros.
A pesar de todas estas precauciones, el vampiro reapareción al cabo de algunos años; y en el espacio de tres meses, diecisiete personas, de distintas edades y sexo, perecieron miserablemente: unas sin estar enfermas, y las otras después de dos o tres días de abatimiento. Una joven llamada Stanoska, después de haberse acostado una noche en estado de perfecta salud, se despertó en medio de la noche, temblando, lanzando gritos horribles y diciendo que el joven Millo, muerto desde hacía nueve semanas, había estado a punto de estrangularla mientras dormía. Al día siguiente, Stanoska se sintió muy enferma y murió después de tres días de padecimientos.
Las sospechas recayeron sobre el joven muerto, y se pensó que debía de ser un vampiro. Le desenterraron, le reconocieron como tal y le ejecutaron en consecuencia. Los médicos y cirujanos del lugar investigaron cómo había podido renacer el vampiro al cabo de un tiempo tan considerable, y después de mucho indagar, descubrieron que Arnold-Paul, el primer vampiro, había atormentado no sólo a las personas que habían muerto poco tiempo después que él, sino también a varias bestias cuya carne había comido gente que moría poco despúes, y entre otras, el joven Millo. Reanudaron las ejecuciones y encontraron diecisiete vampiros, a quienes les atravesaron el corazón, les cortaron la cabeza, les quemaron y arrojaron sus cenizas al río.
Estas medidas acabaron con el vampirismo en Medreiga.
 
La Andana © Copyright | Template By Mundo Blogger |