Miyavi [ Onpu no Tegami ] - Piano
Algunas veces solo necesitamos una melodía para expresar nuestros sentimientos; una composición mágnifica con una belleza soberbia..
Edipo y las Fenicias de Euripides
Creo que todos conocen la historia de
Edipo Rey. La versión de Sofócles, es en la que Edipo se casa con su
madre Yocasta y cuando se enterade toda la verdad, esta se suicida al
instante y Edipo se ve repudiado por sus hijos y huye con su hija
Antigona, a los cuales maldice con que se mataran el uno al otro.
Existen otras versiones, una de las que más me gustan es la de las Fenicias de Euripides, donde Yocasta es el centro de la obra, y los acontecimientos discurren de distinta manera. Yocasta no muere al instante sino que en vez de anteponer su yo(reina), antepone su yo(madre) e intenta mediar en el conflicto entre sus dos hijos. Se dedíca a cuidar de sus hijos y de su marido ciego, aunque ya no viendo a Edipo como su marido, sino uniendole a el otro tipo de cariño. Al final Yocasta muere, pero debido a su fracaso como madre, viendo la situación en que Edipo se encuentra, ciego; y sobre todo el enfrentamiento y la muerte de su hijos.
También para Eurípides, Yocasta, al suicidarse, expresa su odio por Edipo, que no ha podido detener su cólera y devolver a su descendencia algo mejor de lo por él recibido.
La Yocasta de Sófocles, más reina que madre, parece regir su conducta por los mismo cánones que se aplican a Edipo: se da la justicia por su propia mano. Si decimos que prima su condición de reina sobre la de madre, es que aquí Yocasta atiende primordialmente a su papel público (el de reina) y desatiende su lugar como mujer.
Esta Yocasta no parece preocuparse por consolar a Edipo, ni tampoco la detiene el pensamiento de sus cuatro hijos. La identificación de Yocasta parece ser en este caso con un ieal “público” de virtud y justicia que le impide continuar viviendo, luego de haber cometido el crimen del incesto. Al mismo tiempo podemos decir que hay una “desidentificación” de su lugar de madre y esposa.
En cambio, para Eurípides, aquello que a Yocasta le resulta insoportable tolerar es que sus hijos se den recíprocamente la muerte, sin haberlos podido salvar de la maldición paterna.
La Yocasta de Eurípides se identifica con un ideal materno. Cuando se le repite la historia, deja de lado la pasividad para defender a los hijos. La función materna de conservación de la vida prevalece por encima de toda otra consideración. Podemos decir entonces que el ideal que defiende Yocasta tiene su anclaje en el sentimiento “privado” de misericordia.
Curiosamente, para ninguno de los dos autores, parece Edipo enojado con Yocasta, sino que se trata de una nefasta maldición de los dioses. Tampoco están los hijos enojados con Yocasta, pero sí lo están con Edipo. Parece claro que en ambas versiones es Edipo el transgresor por excelencia.
*****
Podríamos detectar en estas dos versiones del mito dos líneas de pensamiento:
- Una primera línea toma en cuenta el cumplimiento inexorable del oráculo trágico: Edipo ha cometido los dos crímenes primordiales -parricidio e incesto- y debe sufrir por ello, arrastrando a todos -Yocasta en primer término- en su castigo. Esta es la versión de Sófocles.
- Una segunda línea respondería a una vertiente que da al menos cabida a la esperanza: el oráculo se cumple y Edipo se revela incestuoso y parricida ; pero quizás la intervención de la figura femenina - Yocasta se suma su hija Antígona- pueda salvar a los descendientes de Edipo de la destrucción. Hay un intento de detener la inexorable tragedia.
Así los personajes de Eurípides parecen desdoblarse: son por una parte “juguetes del destino” y personajes movidos por hilos invisibles del drama inexorable; pero son también por otra parte personajes movidos por sus lealtades afectivas. En el caso de Yocasta, el amor por los hijos como sentimiento visceral prevalece por encima de la “razón de Estado” y también sobre la vergüenza que lleva a Yocasta al suicidio en el drama de Sófocles.
Yocasta, para Eurípides, es sobre todo una madre. Ha sobrevivido a la vergüenza por lo sufrido con Edipo, ahora se trata de salvar a sus hijos. Si puede salvar a sus hijos, si puede detener el combate, quizás pudiera revertirse la suerte. Pero los dioses han sido adversos: Yocasta llega tarde, los hijos agonizan, Y Yocasta se da muerte con la misma espada que ha causado la muerte de sus hijos.
Creo que merece la pena leer esta versión, distinta y no menos interesante....
Existen otras versiones, una de las que más me gustan es la de las Fenicias de Euripides, donde Yocasta es el centro de la obra, y los acontecimientos discurren de distinta manera. Yocasta no muere al instante sino que en vez de anteponer su yo(reina), antepone su yo(madre) e intenta mediar en el conflicto entre sus dos hijos. Se dedíca a cuidar de sus hijos y de su marido ciego, aunque ya no viendo a Edipo como su marido, sino uniendole a el otro tipo de cariño. Al final Yocasta muere, pero debido a su fracaso como madre, viendo la situación en que Edipo se encuentra, ciego; y sobre todo el enfrentamiento y la muerte de su hijos.
También para Eurípides, Yocasta, al suicidarse, expresa su odio por Edipo, que no ha podido detener su cólera y devolver a su descendencia algo mejor de lo por él recibido.
La Yocasta de Sófocles, más reina que madre, parece regir su conducta por los mismo cánones que se aplican a Edipo: se da la justicia por su propia mano. Si decimos que prima su condición de reina sobre la de madre, es que aquí Yocasta atiende primordialmente a su papel público (el de reina) y desatiende su lugar como mujer.
Esta Yocasta no parece preocuparse por consolar a Edipo, ni tampoco la detiene el pensamiento de sus cuatro hijos. La identificación de Yocasta parece ser en este caso con un ieal “público” de virtud y justicia que le impide continuar viviendo, luego de haber cometido el crimen del incesto. Al mismo tiempo podemos decir que hay una “desidentificación” de su lugar de madre y esposa.
En cambio, para Eurípides, aquello que a Yocasta le resulta insoportable tolerar es que sus hijos se den recíprocamente la muerte, sin haberlos podido salvar de la maldición paterna.
La Yocasta de Eurípides se identifica con un ideal materno. Cuando se le repite la historia, deja de lado la pasividad para defender a los hijos. La función materna de conservación de la vida prevalece por encima de toda otra consideración. Podemos decir entonces que el ideal que defiende Yocasta tiene su anclaje en el sentimiento “privado” de misericordia.
Curiosamente, para ninguno de los dos autores, parece Edipo enojado con Yocasta, sino que se trata de una nefasta maldición de los dioses. Tampoco están los hijos enojados con Yocasta, pero sí lo están con Edipo. Parece claro que en ambas versiones es Edipo el transgresor por excelencia.
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Podríamos detectar en estas dos versiones del mito dos líneas de pensamiento:
- Una primera línea toma en cuenta el cumplimiento inexorable del oráculo trágico: Edipo ha cometido los dos crímenes primordiales -parricidio e incesto- y debe sufrir por ello, arrastrando a todos -Yocasta en primer término- en su castigo. Esta es la versión de Sófocles.
- Una segunda línea respondería a una vertiente que da al menos cabida a la esperanza: el oráculo se cumple y Edipo se revela incestuoso y parricida ; pero quizás la intervención de la figura femenina - Yocasta se suma su hija Antígona- pueda salvar a los descendientes de Edipo de la destrucción. Hay un intento de detener la inexorable tragedia.
Así los personajes de Eurípides parecen desdoblarse: son por una parte “juguetes del destino” y personajes movidos por hilos invisibles del drama inexorable; pero son también por otra parte personajes movidos por sus lealtades afectivas. En el caso de Yocasta, el amor por los hijos como sentimiento visceral prevalece por encima de la “razón de Estado” y también sobre la vergüenza que lleva a Yocasta al suicidio en el drama de Sófocles.
Yocasta, para Eurípides, es sobre todo una madre. Ha sobrevivido a la vergüenza por lo sufrido con Edipo, ahora se trata de salvar a sus hijos. Si puede salvar a sus hijos, si puede detener el combate, quizás pudiera revertirse la suerte. Pero los dioses han sido adversos: Yocasta llega tarde, los hijos agonizan, Y Yocasta se da muerte con la misma espada que ha causado la muerte de sus hijos.
Creo que merece la pena leer esta versión, distinta y no menos interesante....
Orion
Según
la mitología griega, Orión era hijo del dios del mar, Poseidón. Su
habilidad como cazador despertó la ira de Diana, la diosa de la caza,
que lo mandó a luchar contra el escorpión, el cual le dio muerte. Los
dioses, conmovidos, transformaron tanto al escorpión como al cazador en
constelaciones.Orión es la constelación más bella del cielo. Es
claramente del invierno, y con razón se la denomina "La Catedral del
Firmamento".Para ver a Orión, basta levantar nuestros ojos en invierno
hacia el cielo del sur, para que encontremos la constelación sin
dificultad.Orión es el cazador del cielo, que siempre está cazando
acompañado de sus dos perros el Can Mayor (donde está Sirio) y el Can
Menor (donde está Proción). De Orión, hay tanto que hablar que harían
falta varios volúmenes, para hablar sólo de ella.En la mitología
antigua se dice que :Orión era un temido cazador que perseguía a
Aldebarán, el toro del cielo y llevaba siempre acompañándole a sus dos
perros el Can Mayor y el Can Menor. Se hablaba de que Orión, siempre
estaba presumiendo de su valor y al parecer, tenía fama de poder vencer
a cualquier fiera. Por ello el dios Júpiter, le envió para matarlo al
Escorpión. Sin darse cuenta, lo colocó en el cielo en el lado opuesto a
donde se encontraba Orión y por ello se dice que cuando Orión aparece
por el cielo del este, el Escorpión desaparece por el cielo del oeste y
cuando el Escorpión aparece, Orión desaparece, y así sin terminar
jamás. Y termina la leyenda diciendo que la persecución es eterna e
implacable.
La caja de Pandora
Cuando
Prometeo, uno de los titanes, creó la raza humana, Zeus se mostró
enormemente celoso de su hazaña y ordenó a Hefesto que formara a una
mujer, para dársela como premio por sus labores a Prometeo, pero
también como forma de sentirse superior a él. Hefesto modeló arcilla y
consiguió crear a dicha mujer, llamada Pandora. Pandora nació con una
enorme belleza y todos los dioses quedaron prendados de su hermosura,
colmándola de dones. Atenea le concedió sabiduría, Hermes le dio
elocuencia y Apolo dotes para la música. Zeus por su parte, añadió a
todos estos presentes una hermosa caja, que se suponía contenía
inmensos bienes y presentes para Prometeo, pero, con todo, ordenó a
Pandora que no la abriera bajo ningún concepto, lo que ello prometió a
pesar de su curiosidad. Fue así entonces como Pandora y su caja fueron
ofrecidos a Prometeo, quien, astuto y precavido rechazó a ambas y le
indicó a su hermano Epimeteo que, como había hecho él, desconfiara de
cualquier regalo de Zeus. Sin embargo, Epimeteo se enamoró locamente de
Pandora nada más verla y se desposó con ella aceptando la caja como
dote. Entonces, Epimeteo, de una ávida curiosidad, abrió la caja, de la
que no salieron más que horribles males, enfermedades, guerras, hambres
y otras calamidades. Horrorizado, intentó cerrarla, pero sólo consiguió
retener dentro la esperanza, que ayuda desde entonces a todos los
hombres a soportar los males de la caja de Pandora, extendidos por toda
la faz de la tierra. Prometeo, que era benefactor de los seres humanos,
se vengó con Zeus, aunque eso le costó múltiples sufrimientos. Otros
Relatos afirman que fue Pandora quien abrió la caja. También existe
otra versión según la cual la caja contenía múltiples bienes para la
humanidad, pero éstos eran destruidos al abrir la caja.
El Vampiro Bondadoso de Charles Nodier
He ido al país de los morlacos impulsado por un vivo deseo de conocer ese pueblo
tan singular. No hay aldea morlaca donde no se pueda contar un buen número de
vampiros y existen lugares donde hay al menos un vampiro por familia, como en
cada familia de los valles alpinos el infaltable "santo" o "idiota". Pero en
el caso del morlaco vampiro, no se da la complicación de una enfermedad degradante,
que altere el principio fundamental de la razón. El vampiro es consciente y
conocedor de todo lo horrendo de su situación, le disgusta y la detesta. Busca
de combatir su propensión de todas las maneras, recurre a los remedios propuestos
por la medicina, a lass plegarias religiosas, a la autoextirpación de un músculo,
a veces a la amputación de las piernas: en ciertos casos se decide hasta al
suicidio. Exige que después de su muerte, los hijos le perforen el corazón
con una cuña y le claven al ataúd para hacer reposar en el sueño de la muerte
su cadáver y libertarlo del instinto criminal. El vampiro es de ordinario un
hombre bondadoso, a menudo ejemplo y guía en su tribu, a veces ejercita oficialmente
la función de juez; a veces es poeta.
A través de la profunda tristeza que le viene de la percepción de su estado,
a través del recuerdo y el presentimiento de su siniestra vida nocturna, se
adivina un alma tierna, generosa, hospitalaria, que no pide más que amar. Ocurre
que el sol tramonte, que la noche estampe una suerte de sello plúmbeo sobre
los párpados del pobre vampiro, para que él comience de nuevo a escarbar con
las uñas la fosa de un muerto o perturbe a la nodriza que vela junto a la cuna
del recién nacido. Porque el vampiro no puede ser otra cosa que vampiro y los
esfuerzos de la ciencia y los ritos eclesiásticos nada pueden contra su mal.
La muerte no le cura, hasta en el ataúd conserva algún síntoma de vida, y pues
su conciencia se mece en la ilusión de que su crimen es involuntario, no debe
sorprender el hecho de habérselos encontrado a menudo frescos y sonrientes en
el catafalco. El sueño del desventurado nunca estuvo desprovisto de pesadillas.
En la mayor parte de los casos, esta aberración se limita al intuito mental
del infeliz que la experimenta. Cuando se realiza plenamente, ello se debe atribuir
al concurso de otros factores, como las pesadillas y el sonambulismo. Entramos
entonces en el campo de la ciencia médica, que hasta ahora no ha tenido en cuenta
dos hechos importantes, que me parecen incontestables. El primero es que la
percepción de un acto extraordinario no familiar a nuestra naturaleza se convierte
fácilmente en sueño, el segundo, que la percepción repetida con frecuencia,
y siempre en el mismo sueño, se convierte fácilmente en una acción proporcionada,
realmente cumplida, sobre todo cuando se manifiesta en un ser débil e impresionable.
Literatura antigua
Cuando el hombre comenzó a desarrollar los primeros sistemas de escritura, aún estaba lejos de dar nacimiento a la literatura. Por eso, los primeros escritos de los sumerios o muchos de los jeroglíficos egipcios no son literarios.
Dicen los especialistas que uno de los primeros textos literarios de la historia fue el Poema de Gilgamesh, una narración de origen sumerio. Esta obra, grabada en tablillas de arcilla con escritura cuneiforme, habría sido escrita en el año 2.000 A.C.
Una delimitación de la literatura antigua podría acercarnos a los textos escritos antes del siglo V. Así, tenemos distintos ejemplos, como el caso de la literatura árabe. Se supone que las manifestaciones literarias de esta cultura nacieron hacia el año 500 A.C., con poesías que eran memorizadas y luego recitadas. Los testimonios escritos, en cambio, recién surgen en el siglo VI.
La literatura griega clásica, por su parte, es aquella escrita en griego antiguo hasta el siglo IV. Se destacan por entonces autores como Homero, a quien se le atribuye la autoría de la Odisea y la Ilíada (considerado como el poema escrito más antiguo de la literatura occidental).
La literatura hebrea, por su parte, tiene antecedentes remotos como la estela de Mesha, conocida también como la Piedra Moabita. Se trata de una inscripción que habría sido realizada en el siglo IX A.C.
En América, la literatura antigua fue muy importante, con ricas expresiones en las lenguas náhuatl y quechua, por ejemplo. Los aztecas, los incas y los mayas hicieron sus aportes para el desarrollo de la cultura latinoamericana, que fue adquiriendo su identidad actual tras el desembarco europeo.
Sin embargo, el principal referente de la antigüedad en cuanto a cantidad de textos es la literatura china. Se calcula que, hasta el siglo XVII, se habían escrito más textos en China que en el resto del mundo.
Dicen los especialistas que uno de los primeros textos literarios de la historia fue el Poema de Gilgamesh, una narración de origen sumerio. Esta obra, grabada en tablillas de arcilla con escritura cuneiforme, habría sido escrita en el año 2.000 A.C.
Una delimitación de la literatura antigua podría acercarnos a los textos escritos antes del siglo V. Así, tenemos distintos ejemplos, como el caso de la literatura árabe. Se supone que las manifestaciones literarias de esta cultura nacieron hacia el año 500 A.C., con poesías que eran memorizadas y luego recitadas. Los testimonios escritos, en cambio, recién surgen en el siglo VI.
La literatura griega clásica, por su parte, es aquella escrita en griego antiguo hasta el siglo IV. Se destacan por entonces autores como Homero, a quien se le atribuye la autoría de la Odisea y la Ilíada (considerado como el poema escrito más antiguo de la literatura occidental).
La literatura hebrea, por su parte, tiene antecedentes remotos como la estela de Mesha, conocida también como la Piedra Moabita. Se trata de una inscripción que habría sido realizada en el siglo IX A.C.
En América, la literatura antigua fue muy importante, con ricas expresiones en las lenguas náhuatl y quechua, por ejemplo. Los aztecas, los incas y los mayas hicieron sus aportes para el desarrollo de la cultura latinoamericana, que fue adquiriendo su identidad actual tras el desembarco europeo.
Sin embargo, el principal referente de la antigüedad en cuanto a cantidad de textos es la literatura china. Se calcula que, hasta el siglo XVII, se habían escrito más textos en China que en el resto del mundo.
El Diablo y el Relojero de Daniel Defoe
Viva en la parroquia de St. Bennet Funk, cerca del Royal Exchange,
una honesta y pobre viuda quien, después de morir su marido, tomó huéspedes
en su casa. Es decir, dejó libres algunas de sus habitaciones para aliviar su
renta. Entre otros, cedió su buhardilla a un artesano que hacía engranajes para
relojes y que trabajaba para aquellos comerciantes que vendían dichos instrumentos,
según es costumbre en esta actividad.
Sucedió que un hombre y una mujer fueron a hablar con este
fabricante de engranajes por algún asunto relacionado con su trabajo. Y cuando
estaban cerca de los últimos escalones, por la puerta completamente abierta
del altillo donde trabajaba, vieron que el hombre (relojero o artesano de engranajes)
se había colgado de una viga que sobresalía más baja que el techo o cielorraso.
Atónita por lo que veía, la mujer se detuvo y gritó al hombre, que estaba detrás
de ella en la escalera, que corriera arriba y bajara al pobre desdichado.
En ese mismo momento, desde otra parte de la habitación, que
no podía verse desde las escaleras, corrió velozmente otro hombre que
Ilevaba un escabel en sus manos. Éste, con cara de estar en un grandísimo apuro,
lo colocó debajo del desventurado que estaba colgado y, subiéndose rápidamente,
sacó un cuchillo del bolsillo y sosteniendo el cuerpo del ahorcado con una mano,
hizo señas con la cabeza a la mujer y al hombre que venía detrás, como queriendo
detenerlos para que no entraran; al mismo tiempo mostraba el cuchillo en la
otra, como si estuviera por cortar la soga para soltarlo.
Ante esto la mujer se detuvo un momento, pero el hombre que
estaba parado en el banquillo continuaba con la mano y el cuchillo tocando el
nudo, pero no lo cortaba. Por esta razón la mujer gritó de nuevo a su acompañante
y le dijo:
-¡Sube y ayuda al hombre!
Suponía que algo impedía su acción.
Pero el que estaba subido al banquillo nuevamente les hizo
señas de que se quedaran quietos y no entraran, como diciendo: «Lo haré inmediatamente».
Entonces dio dos golpes con el cuchillo, como si cortara la
cuerda, y después se detuvo nuevamente. El desconocido seguía colgado y muriéndose
en consecuencia. Ante la repetición del hecho, la mujer de la escalera le gritó:
-¿Que pasa? ¿Por qué no bajáis al pobre hombre?
Y el acompañante que la seguía, habiéndosele acabado la paciencia,
la empujó y le dijo:
-Déjame pasar. Te aseguro que yo lo haré -y con estas palabras
llegó arriba y a la habitación donde estaban los extraños.
Pero cuando llegó allí ¡cielos! el pobre relojero estaba
colgado, pero no el hombre con el cuchillo, ni el banquito, ni ninguna otra
cosa o ser que pudiera ser vista a oída. Todo había sido un engaño, urdido por
criaturas espectrales enviadas sin duda para dejar que el pobre desventurado
se ahorcara y expirara.
El visitante estaba tan aterrorizado y sorprendido que, a pesar
de todo el coraje que antes había demostrado, cayó redondo en el suelo como
muerto. Y la mujer, al fin, para bajar al hombre, tuvo que cortar la soga con
unas tijeras, lo cual le dio gran trabajo.
Como no me cabe duda de la verdad de esta historia que me fue
contada por personas de cuya honestidad me fío, creo que no me dará trabajo
convenceros de quién debía de ser el hombre del banquito: fue el diablo, que
se situó allí con el objeto de terminar el asesinato del hombre a quien, según
su costumbre, había tentado antes y convencido para que fuera su propio verdugo.
Además, este crimen corresponde tan bien con la naturaleza del demonio y sus
ocupaciones, que yo no lo puedo cuestionar. Ni puedo creer que estemos equivocados
al cargar al diablo con tal acción.
Características de la literatura
Para analizar las características de la literatura, primero hay que tener en claro a qué se refiere dicho término, que proviene de la palabra latina litterae. La literatura es un concepto relacionado con el arte de la gramática, la retórica y la poética; por eso, su origen latino hace referencia al conjunto de saberes para escribir y leer bien.
Podemos afirmar que la literatura es aquel arte cuyo medio de expresión es la lengua. Por lo tanto, es importante tener en cuenta que el origen de la escritura no supuso el nacimiento de la literatura. Por el contrario, los escritos más antiguos de los que se tengan registros no son literarios.
Aunque es imposible establecer un único texto pionero de la literatura, una de las primeras obras literarias es el Poema de Gilgamesh, una narración de origen sumerio cuya primera versión data del año 2.000 A.C.
El ruso Roman Jakobson planteó que la especificidad de la literatura está en su forma: esa es la diferencia entre un texto literario y otro discurso. Una de las características de la literatura es su función poética, la capacidad del lenguaje para llamar la atención sobre sí mismo. Por eso, la literatura utiliza expresiones por su naturaleza estética, que producen placer o son agradables al lector.
Otra característica propia de la literatura es que apela a un lenguaje trascendente y estilizado. El lenguaje cotidiano, en cambio, está destinado al consumo inmediato y no perdura.
Dentro de la literatura, pueden reconocerse distintos géneros, que son modelos de estructuración formal y temática.
Un género funciona como una categoría o grupo, que permite clasificar a
un texto según su contenido. De esta forma, un relato pertenecerá a
cierto género según diversos criterios semánticos, sintácticos,
discursivos y fónicos, entre otros.
Más allá de los límites que puedan establecerse en teoría, las
diferencias entre cada género y cada subgénero son difíciles de fijar e
incluso varían con el tiempo.
Literatura Gótica
El terror, la oscuridad y lo macabro tienen su espacio en la literatura gótica. Como comentábamos cuando nos referíamos a la poesía gótica, esta corriente artística nació en los últimos siglos de la Edad Media y tuvo una gran vigencia hasta la explosión del Renacimiento.
El término gótico comenzó a utilizarse en el siglo XVI, aunque en sus orígenes se trataba de una calificación peyorativa, que vinculaba a este estilo con los godos (los bárbaros). En las últimas décadas, a partir de mediados de 1970, el movimiento gótico mutó en una subcultura también conocida como dark, que adoptó la estética de la literatura de terror, las películas de dicho género y el post-punk.
Las historias narradas por la literatura gótica tradicional solían transcurrir en castillos y monasterios medievales. Aunque su espectro se amplió con el correr de los años, los viejos arquetipos nunca desaparecieron.
Los cementerios, las criptas y los páramos desolados son otros de
los escenarios donde transcurren muchos relatos góticos. En cuanto a
los personajes, aparecen todo tipo de villanos y seres malignos, como hombres lobo, vampiros, fantasmas, demonios y distintas clases de monstruos.
Hay quienes consideran que la obra fundadora de la literatura gótica fue “El castillo de Otranto”, presentada por el escritor británico Horace Walpole en 1765. “Los misterios de Udolfo”, escrita por la también británica Ann Radcliffe en 1794, es otro de los textos pioneros de este movimiento.
En el siglo XIX, varios autores escribieron obras clásicas de la literatura gótica, como “Frankenstein” de Mary Shelley, “El gato negro” de Edgar Allan Poe y “Drácula” de Bram Stoker.
Ya en siglo XX, se destacó la figura del estadounidense H.P. Lovecraft, quien supo conjugar la tradición gótica con la ciencia ficción. Este autor desarrolló los mitos de Cthulhu, con seres como el Necronomicón, el Nyarlathotep y el propio Cthulhu.
El Acusador Fantasmal de Daniel Defoe
He oído una historia, que creo verdadera, de cierto hombre a quien llevaron
a la corte de justicia bajo sospecha de asesinato, la cual, sin embargo, sabía
él que no había poder humano capaz de comprobar.
Cuando llegó a declarar alegó no ser culpable y la corte comenzó
a perderse en búsqueda de pruebas, pero sólo descubrieron sospechas
y circunstancias aparentemente verdaderas. Sin embargo, teniendo, como tenían,
testigos, los examinaron como es de costumbre, de pie sobre un pequeño
escalón, para que fueran visibles ante toda la sala.
Cuando el tribunal pensó que ya no tenía más testigos
para examinar y que pronto el hombre sería liberado, éste hizo
un brusco movimiento hacia el tribunal, como si estuviera asustado. Pero, recobrando
su compostura, estiró un brazo hacia el lugar donde los testigos se ponen
de pie para dar su testimonio en los juicios y, señalando con la mano,
dijo en voz alta:
- Señor, ¡esto no es justo! Esto no está de acuerdo con
la ley. Ése no es un testigo legal.
La corte estaba atónita y no podía entender qué quería
decir el acusado. Pero el juez, un hombre de mayor penetración, aceptó
la insinuación y conteniendo a uno del tribunal que estaba por hablar
y que tal vez haría entrar en razón al hombre, dijo:
- ¡Silencio! Este hombre ve algo que nosotros no vemos. Empiezo a entenderlo.
- Y después, hablándole al prisionero preguntó -: ¿Por
qué no es un testigo legal? Yo creo que la corte le permitirá
testimoniar con todo derecho cuando venga a declarar.
- ¡Oh, Señoría! No es justo. No puede permitírsele
- dijo el prisionero, con una confusa ansiedad en su semblante que mostraba
tener un corazón audaz, pero una conciencia culpable.
- ¿Por qué no, amigo? ¿Qué razones dais para ello?
- preguntó el juez.
- Su Señoría, no puede permitírsele a ningún hombre
ser testigo de su propio caso. Él es parte, señor, no puede ser
testigo.
- Os equivocais - dijo el juez -, porque vos estáis acusado en nombre
del Rey, y el hombre puede ser testigo del Rey, como en el caso de un asalto
en un camino; nosotros siempre admitimos que la persona asaltada es testigo
legal: sin esto ningún salteador podría ser convicto. Pero oiremos
lo que tiene que decir cuando sea examinado.
Así habló el juez, con tal gravedad y de manera tan sencilla
y natural, que el criminal contestó:
- Bien, si vos permitís que él sea testigo legal, entonces yo
soy hombre muerto.
Dijo las últimas palabras con voz más baja que el resto, pero
sin pedir una silla para sentarse.
La corte ordenó que le trajeran asiento, pues si no lo hubiese tenido
se hubiera desplomado sobre la plataforma. Cuando se hubo sentado, todos observaron
que mostraba gran consternación y que levantaba las manos repetidas veces,
pronunciando una y otra vez las palabras «Hombre muerto, hombre muerto».
El juez se sentía algo perdido, sin saber como actuar, y toda la corte
parecía sumida en una extraña perplejidad, aunque nadie veía
otra cosa que el hombre en el estrado.
Al fin el juez le dijo:
- Mirad, Mr... - llamándolo por su nombre -. Solo conozco un camino
para vos y lo leeré en las Escrituras.
Y así, pidiendo la Biblia, buscó el libro de Josué y leyó
el versículo VII:19: Y Josué dijo a Acán: Hijo mío,
da gloria al Señor Dios de Israel, y confiesa y declárame qué
has hecho: no me lo encubras.
Ante esto el criminal autocondenado estalló en lágrimas y tristes
lamentaciones por su miserable condición, e hizo una confesión
completa de su crimen. Y cuando lo hubo hecho, dio la siguiente relación
de su caso y las razones que tenía para estar bajo la influencia de tal
sorpresa y presión: que él había visto a su víctima
de pie en el estrado de los testigos, lista para ser interrogada en contra de
él y dispuesta a mostrar el cuello que el prisionero le había
cortado; y según dijo, contemplándole de lleno con un terrible
continente. Esto lo sumió en confusión, como bien podría
suponerse, y sin embargo no hubo real aparición, ni espectro, ni fantasma
ni trasgo. Todo había sido figurado por la fuerza de su propia culpa
y la agitación de su alma excitada y sorprendida por influjo de la conciencia.
Flores de las Tinieblas (Fleurs de Ténèbres-1883) por Villiers de L'Isle-Adam
¡Oh, los bellos atardeceres! Ante los brillantes cafés de los bulevares, en
las terrazas de las horchaterías de moda, ¿qué de mujeres con trajes multicolores,
qué de elegantes "callejeras" dándose tono!
Y he aquí las pequeñas vendedoras de flores, que circulen con sus frágiles
canastillas.
Las bellas desocupadas aceptan esas flores perecederas, sobrecogidas, misteriosas...
- ¿Misteriosas?
- ¡Sí, si las hay!
Existe, - sabedlo, sonrientes lectoras -, existe en el mismo París cierta agencia
que se entiende con varios conductores de los entierros de lujo, incluso con
enterradores, para despojar a los difuntos de la mañana, no dejando que se marchiten
inútilmente en las sepulturas todos esos espléndidos ramos de flores, esas coronas,
esas rosas que, por centenares, el amor filial o conyugal coloca diariamente
en los catafalcos.
Estas flores casi siempre quedan olvidadas después de las fúnebres ceremonias.
No se piensa más en ello; se tiene prisa por volver. ¡Se concibe!
Es entonces cuando nuestros amables enterradores se muestran más alegres. ¡No
olvidan las flores estos señores! No están en las nubes; son gente práctica.
Las quitan a brazadas, en silencio. Arrojarlas apresuradamente por encima del
muro, sobre un carretón propicio, es para ellos cosa de un instante.
Dos o tres de los más avispados y espabilados transportan la preciosa
carga a unos floristas amigos, quienes gracias a sus manos de hada, distribuyen
de mil maneras, en ramitos de corpiño, de mano, en rosas aisladas inclusive,
estos melancólicos despojos.
Llegan luego las pequeñas floristas nocturnas, cada una con su cestita.
Pronto circulan incesantemente, a las primeras luces de los reverberos, por
los bulevares, por las terrazas brillantes, por los mil un sitios de placer.
Y jóvenes aburridos y deseosos de hacerse agradables a las elegantes,
hacia las cuales sienten alguna inclinación, compran estas flores a elevados
precios y las ofrecen a sus damas.
Estas, todas con rostros empolvados, las aceptan con una sonrisa indiferente
y las conservan en la mano, o bien las colocan en sus corpiños.
Y los reflejos del gas empalidecen los rostros.
De suerte que estas criaturas-espectros, adornadas así con flores de
la Muerte, llevan, sin saberlo, el emblema del amor que ellas dieron y el amor
que reciben.
El Anciano Terrible (The Terrible Old Man-1920) de H.P. Lovecraft
Fue idea de Angelo Ricci, Joe Czanek y Manuel Silva hacer una visita
al Terrible Anciano. El anciano vive a solas en una casa muy antigua de
Walter Street próxima al mar, y se le conoce por ser un hombre
extraordinariamente rico a la vez que por tener una salud
extremadamente delicada... lo cual constituye un atractivo señuelo para
hombres de la profesión de los señores Ricci, Czanek y Silva, pues su
profesión era nada menos digno que el latrocinio de lo ajeno.
Los vecinos de Kingsport dicen y piensan muchas cosas acerca del
Terrible Anciano, cosas que, generalmente, le protegen de las
atenciones de caballeros como Mr. Ricci y sus colegas, a pesar de la
casi absoluta certidumbre de que oculta una fortuna de incierta
magnitud en algún rincón de su enmohecida y venerable mansión. En
verdad, es una persona muy extraña, que al parecer fue capitán de clip
per de las Indias Orientales en su día. Es tan viejo que nadie recuerda
cuándo fue joven, y tan taciturno que pocos saben su verdadero nombre.
Entre los nudosos árboles del jardín delantero de su vieja y nada
cuidada residencia conserva una extraña colección de grandes piedras,
singularmente agrupadas y pintadas de forma que semejan los ídolos de
algún lóbrego templo oriental. Semejante colección ahuyenta a la
mayoría de los chiquillos que gustan burlarse de su barba y cabello,
largos y canosos, o romper las ventanas de pequeño marco de su vivienda
con diabólicos proyectiles. Pero hay otras cosas que atemorizan a las
gentes mayores y de talante curioso que en ocasiones se acercan a
hurtadillas hasta la casa para escudriñar el interior a través de las
vidrieras cubiertas de polvo. Estas gentes dicen que sobre la mesa de
una desnuda habitación del piso bajo hay muchas botellas raras, cada
una de las cuales tiene en su interior un trocito de plomo suspendido
de una cuerda, como si fuese un péndulo. Y dicen que el Terrible
Anciano habla a las botellas, llamándolas por nombres tales como Jack,
Scar-Face, Long Tom, Spanish Joe, Peters y Mate Ellis, y que siempre
que habla a una botella el pendulito de plomo que lleva dentro emite
unas vibraciones precisas a modo de respuesta. A quienes han visto al
alto y enjuto Terrible Anciano en una de estas singulares
conversaciones no se les ocurre volver a verlo más. Pero Angelo Ricci,
Joe Czanek y Manuel Silva no eran naturales de Kingsport. Pertenecían a
esa nueva y heterogénea estirpe extranjera que queda al margen del
atractivo círculo de la vida y tradiciones de Nueva Inglaterra, y no
vieron en el Terrible Anciano otra cosa que un viejo achacoso y
prácticamente indefenso, que no podía andar sin la ayuda de su nudoso
cayado, y cuyas escuálidas y endebles manos temblaban de modo harto
lastimoso. A su manera, se compadecían mucho del solitario e impopular
anciano, a quien todos rehuían y a quien no había perro que no ladrase
con especial virulencia. Pero los negocios son los negocios, y, para un
ladrón entregado de lleno a su profesión, siempre es tentador y
provocativo un anciano de salud enfermiza que no tiene cuenta abierta
en el banco, y que para subvenir a sus escasas necesidades paga en la
tienda del pueblo con oro y plata españoles acuñados dos siglos atrás.
Los señores Ricci, Czanek y Silva eligieron la noche del once de
abril para efectuar su visita. Mr. Ricci y Mr. Silva se encargarían de
hablar con el pobre y anciano caballero, mientras Mr. Czanek se quedaba
esperándoles a los dos y a su. presumible cargamento metálico en un
coche cubierto, en Ship Street, junto a la verja del alto muro
posterior de la finca de su anfitrión. El deseo de eludir explicaciones
innecesarias en caso de una aparición inesperada de la policía aceleró
los planes para una huida sin apuros y sin alharacas.
Tal como habían proyectado, los tres aventureros se pusieron manos a
la obra por separado con objeto de evitar cualquier malintencionada
sospecha a posteriori. Los señores Ricci y Silva se encontraron en
Walter Street junto a la puerta de entrada de la casa del anciano, y
aunque no les gustó cómo se reflejaba la luna en las piedras pintadas
que se veían por entre las ramas en flor de los retorcidos árboles,
tenían cosas en qué pensar más importantes que dejar volar su
imaginación con manidas supersticiones. Temían que fuese una tarea
desagradable hacerle soltar la lengua al Terrible Anciano para
averiguar el paradero de su oro y plata, pues los viejos lobos marinos
son particularmente testarudos y perversos. En cualquier caso, se
trataba de alguien muy anciano y endeble, y ellos eran dos personas que
iban a visitarle. Los. señores Ricci y Silva eran expertos en el arte
de volver volubles a los tercos, y los gritos de un débil y más que
venerable anciano no son difíciles de sofocar. Así que se acercaron
hasta la única ventana alumbrada y escucharon cómo el Terrible Anciano
hablaba en tono infantil a sus botellas con péndulos. Se pusieron
sendas máscaras y llamaron con delicadeza en la descolorida puerta de
roble.
La espera le pareció muy larga a Mr. Czanek que se agitaba inquieto
en el coche aparcado junto a la verja posterior de la casa del Terrible
Anciano, en Ship Street. Era una persona más impresionable de lo
normal, y no le gustaron nada los espantosos gritos que había oído en
la mansión momentos antes de la hora fijada para iniciar la operación.
¿No les había dicho a sus compañeros que trataran con el mayor cuidado
al pobre y viejo lobo de mar? Presa de los nervios observaba la
estrecha puerta de roble en el alto muro de piedra cubierto de hiedra.
No cesaba de consultar el reloj, y se preguntaba por los motivos del
retraso. ¿Habría muerto el anciano antes de revelar dónde se ocultaba
el tesoro, y habría sido necesario proceder a un registro completo? A
Mr. Czanek no le gustaba esperar tanto a oscuras en semejante lugar. Al
poco, llegó hasta él el ruido de unas ligeras pisadas o golpes en el
paseo que había dentro de la finca, oyó cómo alguien manoseaba
desmañadamente, aunque con suavidad, en el herrumbroso pestillo, y vio
cómo se abría la pesada puerta. Y al pálido resplandor del único y
mortecino farol que alumbraba la calle aguzó la vista en un intento por
comprobar qué habían sacado sus compañeros de aquella siniestra mansión
que se vislumbraba tan cerca. Pero no vio lo que esperaba. Allí no
estaban ni por asomo sus compañeros, sino el Terrible Anciano que se
apoyaba con aire tranquilo en su nudoso cayado y sonreía malignamente.
Mr. Czanek no se había fijado hasta entonces en el color de los ojos de
aquel hombre; ahora podía ver que eran amarillos.
Las pequeñas cosas producen grandes conmociones en las ciudades
provincianas. Tal es el motivo de que los vecinos de Kingsport hablasen
a lo largo de toda aquella primavera y el verano siguiente de los tres
cuerpos sin identificar, horriblemente mutilados como si hubieran
recibido múltiples cuchilladas y horriblemente triturados como si
hubieran sido objeto de las pisadas de muchas botas despiadadas, que la
marea arrojó a tierra. Y algunos hasta hablaron de cosas tan triviales
como el coche abandonado que se encontró en Ship Street, o de ciertos
gritos harto inhumanos, probablemente de un animal extraviado o de un
pájaro inmigrante, escuchados durante la noche por los vecinos que no
podían conciliar el sueño. Pero el Terrible Anciano no prestaba la
menor atención a los chismes que corrían por el pacífico pueblo. Era
reservado por naturaleza, y cuando se es anciano y se tiene una salud
delicada la reserva es doblemente marcada. Además, un lobo marino tan
anciano debe haber presenciado multitud de cosas mucho más emocionantes
en los lejanos días de su ya casi olvidada juventud.
La bruja Baba-Yaga de Aleksandr Nikolaevich Afanasiev
Vivía en otros tiempos un comerciante
con su mujer; un día ésta se murió, dejándole una
hija. Al poco tiempo el viudo se casó con otra mujer, que, envidiosa
de su hijastra, la maltrataba y buscaba el modo de librarse de ella.
Aprovechando la ocasión de que el padre
tuvo que hacer un viaje, la madrastra dijo a la muchacha:
-Ve a ver a mi hermana y pídele que te
dé una aguja y un poco de hilo para que te cosas una camisa.
La hermana de la madrastra era una bruja, y como
la muchacha era lista, decidió ir primero a pedir consejo a otra tía
suya, hermana de su padre.
-Buenos días, tiíta.
-Muy buenos, sobrina querida. ¿A qué vienes?
-Mi madrastra me ha dicho que vaya a pedir a
su hermana una aguja e hilo, para que me cosa una camisa.
-Acuérdate bien -le dijo entonces la tía-
de que un álamo blanco querrá arañarte la cara: tú
átale las ramas con una cinta. Las puertas de una cancela rechinarán
y se cerrarán con estrépito para no dejarte pasar; tú úntale
los goznes con aceite. Los perros te querrán despedazar; tírales
un poco de pan. Un gato feroz estará encargado de arañarte y sacarte
los ojos; dale un pedazo de jamón.
La chica se despidió, cogió un
poco de pan, aceite y jamón y una cinta, se puso a andar en busca de
la bruja y finalmente llegó.
Entró en la cabaña, en la cual
estaba sentada la bruja Baba-Yaga sobre sus piernas huesosas, ocupada en tejer.
-Buenos días, tía.
-¿A qué vienes, sobrina?
-Mi madre me ha mandado que venga a pedirte una
aguja e hilo para coserme una camisa.
-Está bien. En tanto que lo busco, siéntate
y ponte a tejer.
Mientras la sobrina estaba tejiendo, la bruja
salió de la habitación, llamó a su criada y le dijo:
-Date prisa, calienta el baño y lava bien
a mi sobrina, porque me la voy a comer.
La pobre muchacha se quedó medio muerta
de miedo, y cuando la bruja se marchó, dijo a la criada:
-No quemes mucha leña, querida; mejor
es que eches agua al fuego y lleves el agua al baño con un colador.
Y diciéndole esto, le regaló un
pañuelo.
Baba-Yaga, impaciente, se acercó a la
ventana donde trabajaba la chica y le preguntó a ésta:
-¿Estás tejiendo, sobrinita?
-Sí, tiíta, estoy trabajando.
La bruja se alejó de la cabaña,
y la muchacha, aprovechando aquel momento, le dio al gato un pedazo de jamón
y le preguntó cómo podría escaparse de allí. El
gato le dijo:
-Sobre la mesa hay una toalla y un peine: cógelos
y echa a correr lo más de prisa que puedas, porque la bruja Baba-Yaga
correrá tras de ti para cogerte; de cuando en cuando échate al
suelo y arrima a él tu oreja; cuando oigas que está ya cerca,
tira al suelo la toalla, que se transformará en un río muy ancho.
Si la bruja se tira al agua y lo pasa a nado, tú habrás ganado
delantera. Cuando oigas en el suelo que no está lejos de ti, tira el
peine, que se transformará en un espeso bosque, a través del cual
la bruja no podrá pasar.
La muchacha cogió la toalla y el peine
y se puso a correr. Los perros quisieron despedazarla, pero les tiró
un trozo de pan; las puertas de una cancela rechinaron y se cerraron de golpe,
pero la muchacha untó los goznes con aceite, y las puertas se abrieron
de par en par. Más allá, un álamo blanco quiso arañarle
la cara; entonces ató las ramas con una cinta y pudo pasar.
El gato se sentó al telar y quiso tejer;
pero no hacía más que enredar los hilos. La bruja, acercándose
a la ventana, preguntó:
-¿Estás tejiendo, sobrinita? ¿Estás
tejiendo, querida?
-Sí, tía, estoy tejiendo -respondió
con voz ronca el gato.
Baba-Yaga entró en la cabaña, y
viendo que la chica no estaba y que el gato la había engañado,
se puso a pegarle, diciéndole:
-¡Ah viejo goloso! ¿Por qué has dejado
escapar a mi sobrina? ¡Tu obligación era quitarle los ojos y arañarle
la cara!
-Llevo mucho tiempo a tu servicio -dijo el gato-
y todavía no me has dado ni siquiera un huesecito, y ella me ha dado
un pedazo de jamón.
Baba-Yaga se enfadó con los perros, con
la cancela, con el álamo y con la criada y se puso a pegar a todos.
Los perros le dijeron:
-Te hemos servido muchos años, sin que
tú nos hayas dado ni siquiera una corteza dura de pan quemado, y ella
nos ha regalado con pan fresco.
La cancela dijo:
-Te he servido mucho tiempo, sin que a pesar
de mis chirridos me hayas engrasado con sebo, y ella me ha untado los goznes
con aceite.
El álamo dijo:
-Te he servido mucho tiempo, sin que me hayas
regalado ni siquiera un hilo, y ella me ha engalanado con una cinta.
La criada exclamó:
-Te he servido mucho tiempo, sin que me hayas
dado ni siquiera un trapo, y ella me ha regalado un pañuelo.
Baba-Yaga se apresuró a sentarse en el
mortero; arreándole con el mazo y barriendo con la escoba sus huellas,
salió en persecución de la muchacha. Ésta arrimó
su oído al suelo para escuchar y oyó acercarse a la bruja. Entonces
tiró al suelo la toalla, y al instante se formó un río
muy ancho.
Baba-Yaga llegó a la orilla, y viendo
el obstáculo que se le interponía en su camino, rechinó
los dientes de rabia, volvió a su cabaña, reunió a todos
sus bueyes y los llevó al río: los animales bebieron toda el agua
y la bruja continuó la persecución de la muchacha.
Ésta arrimó otra vez su oído
al suelo y oyó que Baba-Yaga estaba ya muy cerca: tiró al suelo
el peine y se transformó en un bosque espesísimo y frondoso.
La bruja se puso a roer los troncos de los árboles
para abrirse paso; pero a pesar de todos sus esfuerzos no lo consiguió,
y tuvo que volverse furiosa a su cabaña.
Entretanto, el comerciante volvió a casa
y preguntó a su mujer.
-¿Dónde está mi hijita querida?
-Ha ido a ver a su tía -contestó
la madrastra.
Al poco rato, con gran sorpresa de la madrastra,
regresó la niña.
-¿Dónde has estado? -le preguntó
el padre.
-¡Oh padre mío! Mi madre me ha mandado
a casa de su hermana a pedirle una aguja con hilo para coserme una camisa, y
resulta que la tía es la mismísima bruja Baba-Yaga, que quiso
comerme.
-¿Cómo has podido escapar de ella, hijita?
Entonces la niña le contó todo
lo sucedido.
Cuando el comerciante se enteró de la
maldad de su mujer, la echó de su casa y se quedó con su hija.
Los dos vivieron en paz muchos años felices.
Charles Nodier
Escritor francés (Besançon, 1780 – París, 1844). Fue un romántico
exaltado en vida y obra. Es un precedente de Nerval y el surrealismo.
Entre su producción destacan Ultimo capítulo de mi novela y Recuerdos de Juventud.
Inventó de lo que se ha dado en llamar "literatura frenética", fue
autoridad suprema y oracular en la bibliofilia y en encuadernaciones de
lujo, bibliotecario de prestigio universal, entomólogo, herborista,
filósofo, conversador infatigable, opiómano y uno de los responsables
de introducir el romanticismo y la literatura fantástica en Francia a
través de su célebre tertulia de la biblioteca de El Arsenal, por donde desfiló la flor y nata de las letras de la época.
Obras:
El Vampiro Bondadoso |
|
Las Aventuras de Thibaud de la Jacquière (Le avventure di Thibaud de la Jacquière) |
1822 |
El Vampiro Arnold-Paul (Le vampire Arnold-Paul) |
1822 |
El Tesoro del Diablo (Le Trésor du Diable) |
1822 |
El Aparecido y su Hijo (Le Revenant et Son Fils) |
1822 |
Historia del Necronomicón de H. P. Lovecraft
Breve pero completo, resumen de la historia de este libro,
de su autor, de diversas traducciones y ediciones desde su redacción
(en el 730) hasta nuestros días.
Edición conmemorativa y limitada a cargo de Wilson H. Shepherd, The
Rebel Press, Oakman, Alabama.
El título original era Al-Azif, Azif era el término
utilizado por los árabes para designar el ruido nocturno (producido por
los insectos) que, se suponía, era el murmullo de los demonios. Escrito
por Abdul Al Hazred, un poeta loco huido de Sanaa al Yemen, en la época
de los califas Omeyas hacia el año 700. Visita las ruinas de Babilonia
y los subterráneos secretos de Menfis, y pasa diez años en la
soledad del gran desierto que se extiende al sur de Arabia, el Roba el-Khaliyeh,
o "Espacio vital" de los antiguos, y el Dahna, o "Desierto Escarlata"
de los árabes modernos. Se dice que este desierto está habitado
por espíritus malignos y monstruos tenebrosos. Todos aquellos que aseguran
haber penetrado en sus regiones cuentan cosas extrañas y sobrenaturales.
Durante los últimos años de su vida, Al Hazred vivió en
Damasco, donde escribió el Necronomicon (Al-Azif) y por donde
circulan terribles y contradictorios rumores sobre su muerte o desaparición
en el 738. Su biógrafo del siglo XII, Ibn-Khallikan, cuenta que fue asesinado
por un monstruo invisible en pleno día y devorado horriblemente en presencia
de un gran número de aterrorizados testigos. Se cuentan, además,
muchas cosas sobre su locura. Pretendía haber visto la famosa IIrem,
la Ciudad de los Pilares, y haber encontrado bajo las ruinas de una inencontrable
ciudad del desierto los anales secretos de una raza más antigua que la
humanidad. No participaba de la fe musulmana, adoraba a unas desconocidas entidades
a las que llamaba Yog-Sothoth y Cthulhu.
En el año 950, el Azif, que había circulado
en secreto entre los filósofos de la época, fue traducido ocultamente
al griego por Theodorus Philetas de Constantinopla, bajo el título de
Necronomicon. Durante un sigo, y debido a su influencia, tuvieron lugar
ciertos hechos horribles, por lo que el libro fue prohibido y quemado por el
patriarca Michael. Desde entonces no tenemos más que vagas referencias
del libro, pero en el 1228, Olaus Wormius encuentra una traducción al
latín que fue impresa dos veces, una en el siglo XV, en letras negras
(con toda seguridad en Alemania), y otra en el siglo XVII (probablemente en
España). Ninguna de las dos ediciones lleva ningún tipo de aclaración,
de tal forma que es sólo por su tipografía que por lo que se supone
su fecha y lugar de impresión. La obra, tanto en su versión griega
como en la latina, fue prohibida por el Papa Gregorio IX, en el 1232, poco después
de que su traducción al latín fuese un poderoso foco de atención.
La edición árabe original se perdió en los tiempos de Wormius,
tal y como se dijo en el prefacio (hay vagas alusiones sobre la existencia de
una copia secreta encontrada en San Francisco a principios de siglo, pero que
desapareció en el gran incendio). No hay ningún rastro de la versión
griega, impresa en Italia, entre el 1500 y el 1550, después del incendio
que tuvo lugar en la biblioteca de cierto personaje de Salem, en 1692. Igualmente,
existía una traducción del doctor Dee, jamás impresa, basada
en el manuscrito original. Los textos latinos que aún subsisten, uno
(del siglo XV) está guardado en el Museo Británico, y el otro
(del sigo XV) se halla en la Biblioteca Nacional de París. Una edición
del siglo XVII se encuentra en la Biblioteca de Wiedener de Harvard y otra en
la biblioteca de la Universidad de Miskatonic, en Arkham; mientras que hay una
más en la biblioteca de la Universidad de Buenos Aires. Probablemente
existían más copias secretas, y se rumoreaba persistentemente
que una copia del siglo XV fue a parar a la colección de un célebre
millonario americano. Existe otro rumor que asegura que una copia del texto
griego del siglo XVI es propiedad de la familia Pickman de Salem; pero es casi
seguro que esta copia desapareció, al mismo tiempo que el artista R.
U. Pickman, en 1926. La obra está severamente prohibida por las autoridades
y por todas las organizaciones legales inglesas. Su lectura puede traer consecuencias
nefastas. Se cree que R. W. Chambers se basó en este libro para su obra
El rey en amarillo.
CRONOLOGÍA
Al-Azif es escrito en Damasco en el 730 por Abdul Al-Hazred.
Traducción al griego con el título de Necronomicon,
a cargo de Theodorus Philetas, en el 950
El patriarca Michael lo prohibe en el 1050 (el texto griego).
El árabe se ha perdido.
En 1228, Olaus traduce el texto griego al latín.
Las ediciones latina y griega son destruidas por Gregorio IX
en 1232.
En 14... (?) aparece una edición en letras góticas
en Alemania.
En 15... (?) el texto griego es impreso en Italia.
En 16... (?) aparece la traducción al castellano del
texto latino.
El Vampiro Arnold-Paul de Charles Nodier
Un campesino de Medreiga (aldea de Hungría), llamado Arnold-Paul, fue
aplastado por un carro cargado de heno. Treinta días después de
su muerte, cuatro personas murieron súbitamente, de la misma forma que
los que son atacados por vampiros. Se recordó entonces que Arnold-Paul
había contado a menudo que, en los alrededores de Cassova, en la frontera
de Turquía, le había acosado un vampiro turco; pero, como
sabía que las víctimas de los vampiros se convertían a
su vez en vampiros después de la muerte, había encontrado el medio
de curarse comiendo tierra del vampiro turco y frotándose con su sangre.
Se presumió que si este remedio había curado a Arnold-Paul, no
le había impedido convertirse a su vez en vampiro. En consecuencia, le
desenterraron para asegurarse de ello y, aunque llevaba inhumado cuarente días,
encontraron que el cuerpo estaba sonrosado; advirtieron que los cabellos, las
uñas y la barba se habían renovado, y que las venas estaban llenas
de una sangre fluida.
El magistrado del lugar, en presencia del cual se realizó la exhumación
y que era un hombre experto en vampirismo, ordenó hundir en el corazón
del cadáver una estaca puntiaguda y atravesarle de parte a parte; lo
que fue ejecutado enseguida. El vampiro lanzó gritos espantosos e hizo
los mismos movimientos que si hubiera estado vivo. Después de lo cual
le cortaron la cabeza y le quemaron en una gran hoguera. A continuación
le hicieron sufrir el mismo tratamiento a las cuatro personas a quienes Arnold-Paul
había matado, por temor a que se convirtieran tambíen en vampiros.
A pesar de todas estas precauciones, el vampiro reapareción al cabo
de algunos años; y en el espacio de tres meses, diecisiete personas,
de distintas edades y sexo, perecieron miserablemente: unas sin estar enfermas,
y las otras después de dos o tres días de abatimiento. Una joven
llamada Stanoska, después de haberse acostado una noche en estado de
perfecta salud, se despertó en medio de la noche, temblando, lanzando
gritos horribles y diciendo que el joven Millo, muerto desde hacía nueve
semanas, había estado a punto de estrangularla mientras dormía.
Al día siguiente, Stanoska se sintió muy enferma y murió
después de tres días de padecimientos.
Las sospechas recayeron sobre el joven muerto, y se pensó que debía
de ser un vampiro. Le desenterraron, le reconocieron como tal y le ejecutaron
en consecuencia. Los médicos y cirujanos del lugar investigaron cómo
había podido renacer el vampiro al cabo de un tiempo tan considerable,
y después de mucho indagar, descubrieron que Arnold-Paul, el primer vampiro,
había atormentado no sólo a las personas que habían muerto
poco tiempo después que él, sino también a varias bestias
cuya carne había comido gente que moría poco despúes, y
entre otras, el joven Millo. Reanudaron las ejecuciones y encontraron diecisiete
vampiros, a quienes les atravesaron el corazón, les cortaron la cabeza,
les quemaron y arrojaron sus cenizas al río.
Estas medidas acabaron con el vampirismo en Medreiga.
Daniel Defoe (1660 - 1731)
Publicista y novelista inglés (Londres, 1660 - Ropemaker's Alley, Moorfields, 1731). Editó el periódico The Review, que en 1713 pasó a llamarse The Mercator. Hasta 1719 su producción literaria fue casi exclusivamente periodística. En ese año publicó la Vida y extraordinarias y portentosas aventuras de Robinson Crusoe de York, navegante,
obra que le daría la inmortalidad. Los últimos años de su vida los
dedicó a al literatura y vivió acuciado por sus deudas. Se le atribuyen
más de 500 obras, que abarcan temas de índole política, económica,
histórica, ocultismo: Historia del diablo (1726), de aventuras: Historias de Piratas (1724-1728). Autor también de Diario de la Peste (1722), y Las aventuras amorosas de Moll Flanders (1722), novela realista en el espíritu de la Ilustración, que anticipó el surgimiento del género en Inglaterra.
Obras:
El Fantasma Provechoso (A Profitable Ghost) |
1722 |
El Diablo y el Relojero (The Devil and the Watchmaker) |
1727 |
El Espectro y el Salteador de Caminos (The Specter and the Highwayman) |
1727 |
Un Acusador Fantasmal (A Ghostly Accuser) |
1727 |
Carta al Ego
Cuanto tiempo necesito para perdonar
¡un día, un mes, un año¡
Acaso puedo esperar para ser feliz acaso lo soy.
con tanta vanidad, tanto orgullo,
con hasta envidia que envenena mi alma,
acaso la pereza que lastima mi cuerpo al moverlo,
porque de solo pensar en trabajar ya estoy cansada,
o me siento feliz con tanta lujuria y estos celos,
o deseando sufrimiento y muerte e mis semejantes,
o al levantar la mirada con orgullo para no mirar al de abajo
porque lo considero inferior o indeseable.
acaso no soy yo todo eso,
acaso no soy yo quien necesita ser perdonada
por altanera y prepotente.
por tomar un lugar que mi creador jamás tomo,
por desperdiciar mi vida de error tras error.
acaso no tengo ya mi castigo,
porque jamás he vivido por estar pendiente del pasado
y dejar pasar el maravilloso presente,
y aprender a vivir el instante
porque hoy comprendo que pudiera no tener otro
y hoy he decidido cambiar
arrojar de mi corazón los defectos que ensucian mi alma,
para ir al encuentro de mis virtudes
y despertar esta dormida consciencia.
ME ESCUCHAS EGO ESTAS DESPEDIDO,
porque solo has causado dolor y tristeza ,
me prometiste seguridad y belleza
y aumentaste mi vanidad y mi pereza,
y con esta mi orgullo, pero sabes ya descubrí tu juego
y no estarás mas en mi . no llores ni pidas clemencia ,
porque no cederé hoy cambiare eso te lo juro.
sacare mi corazón y quitare mis errores ,escuchas,
nunca mas me doblegare ante ti porque estas equivocado
abriré mi conciencia y actuare bajo su voz,
me escuchas ESTAS DESPEDIDO.
Tres Regalos por Gibrán Jalil Gibrán
Cierta vez, en la ciudad de Becharre, vivía un amable príncipe, querido y honrado por todos sus súbditos.
Pero había un hombre, excesivamente pobre, que se mostraba amargo con el príncipe y movía continuamente su lengua, pestilente en sus censuras.
El príncipe lo sabía. Pero era paciente.
Por fin decidió considerar el caso. Y, una noche de invierno, un siervo del príncipe llamó a la puerta del hombre, cargando un saco de harina de trigo, un paquete de jabón y uno de azúcar.
-El príncipe te envía estos regalos como recuerdo -dijo el siervo.
Y el hombre se regocijó, pues creyó que las dádivas eran un homenaje del príncipe. Y, en su orgullo, fue en busca del obispo y le contó lo que el príncipe había hecho, agregando:
-¿No ve cómo el príncipe desea mi amistad?
-Pero el obispo respondió:
-¡Oh! Qué príncipe sabio y qué poco comprendes. Él habla por símbolos. La harina es para tu estómago vacío, el jabón para tu sucia piel y el azúcar para endulzar tu amarga lengua.
Desde aquel día en adelante, el hombre sintió vergüenza hasta de sí mismo, y su odio al príncipe se hizo mayor que nunca. Pero, a quien más odiaba era al obispo que interpretó la dádiva del príncipe.
Sin embargo, desde entonces guardó silencio.
FIN
H. P. Lovecraft (1890-1937)
Howard Phillips Lovecraft (1890-1937)
ha sido uno de los escritores de horror y ciencia ficcción más
influyentes del siglo XX. Injustamente ignorado en vida, fue después de
su muerte cuando el empuje de algunos amigos y colegas, empeñados en
difundir su obra a cualquier precio, consiguió que se le prestara a su
narrativa la atención que merecía.
Hoy
en día Lovecraft ocupa en el canon de la literatura norteamericana un
lugar preeminente, de hecho, recientemente ha visto publicada parte de
su obra en la "Library of America", una especie de "salón de
la fama" literario, donde comparte catálogo con genios de la talla de
James Fenimore Cooper, F. Scott Fitzgerald, Herman Melville o Mark
Twain (además de algún ex-presidente de los EUA).
Salomón y Azrael por Yalal Al-Din Rumi
Un hombre vino muy temprano a presentarse en el palacio del profeta Salomón, con el rostro pálido y los labios descoloridos.
Salomón le preguntó:
-¿Por qué estás en ese estado?
Y el hombre le respondió:
-Azrael, el ángel de la muerte, me ha dirigido una mirada impresionante, llena de cólera. ¡Manda al viento, por favor te lo suplico, que me lleve a la India para poner a salvo mi cuerpo y mi alma!
Salomón mandó, pues, al viento que hiciera lo que pedía el hombre. Y, al día siguiente, el profeta preguntó a Azrael:
-¿Por qué has echado una mirada tan inquietante a ese hombre, que es un fiel? Le has causado tanto miedo que ha abandonado su patria.
Azrael respondió:
-Ha interpretado mal mi mirada. No lo miré con cólera, sino con asombro. Dios, en efecto, me había ordenado que fuese a tomar su vida en la India, y me dije: ¿Cómo podría, a menos que tuviese alas, trasladarse a la India?
FIN
Lovecraft dijo...
La razón por la cual escribo relatos fantásticos es porque me producen una satisfacción personal y me acercan a la vaga, escurridiza, y fragmentaria sensación de lo maravilloso, de lo bello y de las visiones que me llenan con ciertas perspectivas – escenas, arquitecturas, paisajes, atmósferas, etc. –, ideas, ocurrencias e imágenes que pueden hallarse en el arte y la literatura. Mi predilección por los cuentos sobrenaturales es debida a que encajan perfectamente con mis inclinaciones personales; uno de mis anhelos más fuertes es el de lograr la suspensión o violación momentánea de las irritantes limitaciones del tiempo, del espacio y de las leyes naturales que nos aprisionan y frustran nuestros deseos de indagar en las infinitas regiones del cosmos, que ahora se hallan más allá de nuestro alcance, más allá de nuestro punto de mira.
Howard Phillips Lovecraft
"The supernatural horror in literature"
Astrophobos By H. P. Lovecraft
Brillando en el cielo de medianoche,
Sobre los abismos etéreos y distantes,
Me acechaba, anhelante,
Una seductora, resplandeciente estrella;
Cada crepúsculo retornaba
Brillando en el Carro Ártico.
Místicas formas bellas se fundían
En sus gloriosos rayos dorados,
Fantasías de dicha descendían
En miríadas de elisíaco placer.
De sus coros de liras se extendían
Como cantos de Lidias melodías.
Pensé que el placer reinaba allí,
Donde el libre y el bendito habitan,
Y cada instante un tesoro traía
Envuelto en flores de loto,
Flotando en una nota líquida
Del laúd del viejo Israfel.
Allí, me dije, existen
Mundos de felicidad desconocida,
Donde la inocencia es alabada
En el trono de la coronada virtud;
Hombres de luz, de pensamientos
Más puros, más diáfanos que los míos.
Entonces sentí horror ante la visión,
Se tornó roja y delirante;
La esperanza se disolvió en burla,
La belleza en fealdad;
Himnos extraños se arrastraron,
Signos espectrales se mezclaron.
Carmesí ardió la estrella de la locura
Que antaño admiré tan bella;
Todo era triste donde hubo felicidad,
Y en mis ojos tembló una verdad;
Infames demonios salvajes desfilaron
A través de mi febril visión.
Ahora conozco la satánica fábula
Que surgía de aquel dorado esplendor;
Ahora evito la tétrica luz
Que antaño amé con fervor;
Pero el horror, estable y mortal,
Acechará mi alma por siempre.
Sobre los abismos etéreos y distantes,
Me acechaba, anhelante,
Una seductora, resplandeciente estrella;
Cada crepúsculo retornaba
Brillando en el Carro Ártico.
Místicas formas bellas se fundían
En sus gloriosos rayos dorados,
Fantasías de dicha descendían
En miríadas de elisíaco placer.
De sus coros de liras se extendían
Como cantos de Lidias melodías.
Pensé que el placer reinaba allí,
Donde el libre y el bendito habitan,
Y cada instante un tesoro traía
Envuelto en flores de loto,
Flotando en una nota líquida
Del laúd del viejo Israfel.
Allí, me dije, existen
Mundos de felicidad desconocida,
Donde la inocencia es alabada
En el trono de la coronada virtud;
Hombres de luz, de pensamientos
Más puros, más diáfanos que los míos.
Entonces sentí horror ante la visión,
Se tornó roja y delirante;
La esperanza se disolvió en burla,
La belleza en fealdad;
Himnos extraños se arrastraron,
Signos espectrales se mezclaron.
Carmesí ardió la estrella de la locura
Que antaño admiré tan bella;
Todo era triste donde hubo felicidad,
Y en mis ojos tembló una verdad;
Infames demonios salvajes desfilaron
A través de mi febril visión.
Ahora conozco la satánica fábula
Que surgía de aquel dorado esplendor;
Ahora evito la tétrica luz
Que antaño amé con fervor;
Pero el horror, estable y mortal,
Acechará mi alma por siempre.
H. P. Lovecraft
La Metamorfosis del Vampiro
La mujer, entretanto, de su boca de fresa,
Retorciéndose cual una serpiente sobre las brasas,
Y estrujando sus pechos en la cárcel de su corsé,
Dejó correr estas palabras impregnadas de almizcle:
"Yo, yo tengo los labios húmedos, y conozco la ciencia
De perder en el fondo de un lecho la antigua conciencia.
Yo enjugo todas las lágrimas sobre mis senos triunfantes,
Y hago reír a los viejos con risa de niños.
¡Reemplazo, para el que me ve desnuda, y sin velos,
La luna, el sol, el cielo y las estrellas!
Yo soy, mi sabio querido, tan docta en voluptuosidades,
Cuando ahogo un hombre entre mis brazos temidos,
O cuando abandono a sus mordeduras mi busto,
Tímida y libertina, y frágil y robusta,
¡Que sobre estos acolchados, desmayándose de emoción,
Los ángeles impotentes por mí se condenarían!"
Cuando hubo de mis huesos succionado toda la médula,
Y yo lánguidamente me volví hacia ella,
Para devolverle un beso de amor, ya no vi más
Que un odre con los flancos viscosos, ¡todo lleno de pus!
Cerré los dos ojos, en mi frío espanto,
Y cuando los reabrí a la claridad viviente,
A mi vera, en lugar del maniquí pujante
Que parecía haber hecho provisión de sangre,
Temblaban tan confusamente restos de esqueleto,
Que ellos mismos producían el sonido de una veleta
O de una muestra, al extremo del vástago de hierro,
Que balancea el viento durante las noches de invierno.
Retorciéndose cual una serpiente sobre las brasas,
Y estrujando sus pechos en la cárcel de su corsé,
Dejó correr estas palabras impregnadas de almizcle:
"Yo, yo tengo los labios húmedos, y conozco la ciencia
De perder en el fondo de un lecho la antigua conciencia.
Yo enjugo todas las lágrimas sobre mis senos triunfantes,
Y hago reír a los viejos con risa de niños.
¡Reemplazo, para el que me ve desnuda, y sin velos,
La luna, el sol, el cielo y las estrellas!
Yo soy, mi sabio querido, tan docta en voluptuosidades,
Cuando ahogo un hombre entre mis brazos temidos,
O cuando abandono a sus mordeduras mi busto,
Tímida y libertina, y frágil y robusta,
¡Que sobre estos acolchados, desmayándose de emoción,
Los ángeles impotentes por mí se condenarían!"
Cuando hubo de mis huesos succionado toda la médula,
Y yo lánguidamente me volví hacia ella,
Para devolverle un beso de amor, ya no vi más
Que un odre con los flancos viscosos, ¡todo lleno de pus!
Cerré los dos ojos, en mi frío espanto,
Y cuando los reabrí a la claridad viviente,
A mi vera, en lugar del maniquí pujante
Que parecía haber hecho provisión de sangre,
Temblaban tan confusamente restos de esqueleto,
Que ellos mismos producían el sonido de una veleta
O de una muestra, al extremo del vástago de hierro,
Que balancea el viento durante las noches de invierno.
Charles Baudelaire
El Vampiro
Tú que, como una cuchillada;
Entraste en mi dolorido corazón.
Tú que, como un repugnante tropel
De demonios, viniste loca y adornada,
Para hacer de mi espíritu humillado
Tu lecho y tu dominio.
¡Infame!, a quien estoy ligado
Como el forzado a su cadena,
Como al juego el jugador empedernido,
Como el borracho a la botella,
Como a la carroña los gusanos.
-¡Maldita, maldita seas tú!
Supliqué a la rápida espada
Que conquistara mi libertad
Y supliqué al pérfido veneno
Que sacudiera mi ruindad.
¡Ay! el veneno y la espada.
Me desdeñaron diciéndome:.
-No eres digno de que se te libere
De tu esclavitud maldita.
-¡Imbécil! -Si de su dominio
Te libraron nuestros esfuerzos,
Tus besos resucitarían
El cadáver de tu vampiro.
Entraste en mi dolorido corazón.
Tú que, como un repugnante tropel
De demonios, viniste loca y adornada,
Para hacer de mi espíritu humillado
Tu lecho y tu dominio.
¡Infame!, a quien estoy ligado
Como el forzado a su cadena,
Como al juego el jugador empedernido,
Como el borracho a la botella,
Como a la carroña los gusanos.
-¡Maldita, maldita seas tú!
Supliqué a la rápida espada
Que conquistara mi libertad
Y supliqué al pérfido veneno
Que sacudiera mi ruindad.
¡Ay! el veneno y la espada.
Me desdeñaron diciéndome:.
-No eres digno de que se te libere
De tu esclavitud maldita.
-¡Imbécil! -Si de su dominio
Te libraron nuestros esfuerzos,
Tus besos resucitarían
El cadáver de tu vampiro.
Charles Baudelaire.
Charles Baudelaire
Poeta, novelista y crítico de
arte francés, nacido en París en 1821.
Al terminar sus estudios en Paris en 1834, fue enviado a las Antillas por su padrastro, quien quiso alejarlo de la vida bohemia y licenciosa que el joven llevaba. A su regreso a Paris inicia estudios de Derecho en 1840, incursiona en el ambiente literario entablando amistad con prominentes figuras del arte, y empieza a producir textos sobre crítica de arte y poesía.
Considerado como modelo y padre de la poesía moderna, publicó en 1857 su máxima obra, "Las flores del mal", desatando una gran polémica por considerarla como una ofensa contra la moral pública. Luego aparecieron "Pequeños poemas en prosa" y Paraísos artificiales publicados en 1860.
Al terminar sus estudios en Paris en 1834, fue enviado a las Antillas por su padrastro, quien quiso alejarlo de la vida bohemia y licenciosa que el joven llevaba. A su regreso a Paris inicia estudios de Derecho en 1840, incursiona en el ambiente literario entablando amistad con prominentes figuras del arte, y empieza a producir textos sobre crítica de arte y poesía.
Considerado como modelo y padre de la poesía moderna, publicó en 1857 su máxima obra, "Las flores del mal", desatando una gran polémica por considerarla como una ofensa contra la moral pública. Luego aparecieron "Pequeños poemas en prosa" y Paraísos artificiales publicados en 1860.
La sífilis que contrajo debido a su vida desordenada, le produjo afasia y
una parálisis parcial que lo condujo a la muerte en 1867.
"Curiosidades estéticas", "El arte romántico", "Mi corazón al desnudo" y su "Epistolario" fueron publicados póstumamente.
"Curiosidades estéticas", "El arte romántico", "Mi corazón al desnudo" y su "Epistolario" fueron publicados póstumamente.
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